viernes, 15 de abril de 2011

Biografía: Nelson

Nunca se enfrentaron personalmente, pero no puede haber muchas dudas acerca del papel esencial de Nelson a la hora de abortar los proyectos imperiales de Napoleón. Sin Nelson, el Corso hubiera colapsado el comercio británico e invadido las islas. Frente a él —como decía la canción— «Gran Bretaña rigió los mares.»
 
Retrato de Horatio Nelson
Horatio Nelson nació en Burnham Torpe, Norfolk, el 29 de septiembre de 1758. Miembro de una familia de marinos, con tan sólo doce años ingresó en la Armada Real, sirviendo inicialmente a las órdenes de un tío suyo llamado Maurice Suckling. Durante los años siguientes, recorrió el océano ártico y las Indias Orientales y Occidentales, adquiriendo una experiencia que le permitió convertirse en capitán con tan sólo veintiún años. Su extraordinaria competencia no escapó a sus superiores, que le encomendaron instruir al príncipe Guillermo —el futuro Guillermo IV— en el arte de navegar. Sin embargo, Nelson deseaba desempeñar un servicio activo y en 1784 obtuvo el mando de la fragata Boreas, estacionada en Amtigua, Indias Occidentales. Fue en esa época juvenil cuan do contrajo matrimonio con Fanny Nisbet.
Quizá la carrera de Nelson no hubiera pasado de ser la de un competente oficial encargado de defender las rutas comerciales de no haberse desencadenado la Revolución francesa y con ella las agresiones francesas sobre el resto del continente. En 1793, Nelson participó brillantemente en la ocupación de Tolón. La plaza no pudo ser mantenidl por ingleses y españoles ya que un joven general llamado Napoleón Bonaparte la recuperó para los revolucionarios franceses. Sin embargo, la campaña no dejó de tener resultados positivos para Nelson. Durante la misma se convirtió en amante de lady Emma Hamilton, esposa del embajador británico en Nápoles, con la que mantendría una relación escandalosa, apasionada y fecunda. Por añadidura, participó en la conquista de Córcega y fue herido en el ojo derecho durante el asedio de Calvi.
En 1797, Nelson volvió a enfrentarse con la escuadra francesa, pero, esta vez, los españoles eran sus adversario en lugar de sus aliados. El primer choque tuvo lugar en las costas del cabo de San Vicente y se saldó con una derrota española. En julio de ese mismo año, Nelson lanzó un ataque a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Esta vez la victoria recayó en los españoles y Nelson fue herido en el brazo derecho, que, finalmente, le fue amputado. La amargura de una nueva pérdida física quedó en buena medida compensada cuando descubrió que la flota francesa se estaba concentrando en Tolón con la intención de invadir Egipto. Parecía obvio que Napoleón, todavía no  convertido en el hombre fuerte del régimen revolucionario, pretendía estrangular las rutas inglesas hacia la India y así asestar un golpe decisivo a su adversario más tenaz. Nelson persiguió por todo el Mediterráneo a la flota francesa, pero no pudo impedir que Napoleón desembarcara en Egipto. Sin embargo, en un brillantísimo ejercicio táctico, Nelson se enfrentó con las naves francesas en Abukir, donde destruyó la mayor parte de la flota enemiga. Abukir dejó de manifiesto para el que quisiera observarlo que Nelson era extraordinariamente superior a sus adversarios, pero que también lo eran los oficiales y los marineros a sus órdenes. Napoleón quedó aislado en Egipto —situación de la que salió abandonando a sus tropas a su suerte y regresando a París él solo— y Nelson pudo liberar Nápoles del dominio de los revolucionarios franceses. Se trató de una campaña brillantísima al término de la cual Nelson fue nombrado vicealmirante y se separó de su esposa.
El siguiente destino de Nelson fue mandar la flota que, destinada en el mar Báltico, debía obligar a Dinamarca y Suecia a interrumpir su ayuda económica a Francia. Nelson, aunque era el segundo al mando, dirigió las operaciones y logró una extraordinaria victoria al aniquilar la flota danesa en la batalla de Copenhague.
La paz de Amiens puso fin —temporal— al enfrentamiento en Francia e Inglaterra, pero resultaba obvio que Napoleón no cejaría hasta destruir a los ingleses, un propósito al que unció a España, para desgracia de ésta. En 1803, se reanudó la guerra y Nelson recibió el mando de la flota del Mediterráneo. Durante dos años logró bloquear la flota francesa en Tolón, impidiendo así los planes napoleónicos de invasión de Inglaterra. En 1805, la flota francesa mando de Villeneuve, logró eludir el cerco y escapar a las Antillas perseguida por Nelson. El almirante inglés intente dar caza a los navios franceses, pero éstos consiguieron regresar a Europa y refugiarse en Cádiz amparándose en la alianza que España había suscrito con Napoleón. Como en todos los casos en que España se ha convertido en aliada de Francia, los resultados iban a ser desastrosos.
El 21 de octubre de 1805, Nelson se enfrentó con la flota francoespañola frente a las costas del cabo Trafalgar. Antes de comenzar el combate, se había limitado a anunciar a sus hombres que Inglaterra esperaba que cada uno de ellos cumpliera con su deber. Inglaterra, ciertamente, no tuvo motivo de queja. A pesar de que la flota francoespañola era superior numéricamente, Nelson la aniquiló en el curso de una batalla que pasaría a los anales de la historia naval. El coste fue, sin embargo, muy elevado para los británicos. El poder naval de Gran Bretaña quedó consagrado durante décadas y Napoleón vio convertirse en humo su plan de invadir Inglaterra. Sin embargo, el artífice de tal victoria, el almirante Horatio Nelson, murió en pleno combate a bordo del Victory, su famoso buque insignia.

Curiosidad: entre Fanny y Emma.

El motivo de la separación de Horatio Nelson fue un amor verdaderamente apasionado por Emma Hamilton. Tanto la amaba que llegó a escribir que «aunque pasaran cincuenta vírgenes por su habitación no bastarían para tentarlo». Precisamente porque sólo deseaba vivir esa pasión, otorgó un testamento en el que dejaba a su esposa Fanny todo «a cambio de que me dejes libre». Fanny siguió insistiendo en la reconciliación, pero sin éxito. Esa perseverancia tendría malos efectos para el almirante al que se le cerraron determinados círculos sociales y, sobre todo, acabó acarreando pésimas consecuencias para Emma Hamilton. Cuando Nelson murió en Trafalgar no existía vínculo legal que le uniera a Emma y, por lo tanto, nada podía dejarle. La corona inglesa decidió entonces pasar al hermano de Nelson, un clérigo, una suma sustanciosa a fin de que se la hiciera llegar a Emma. Sin embargo, el clérigo no veía bien aquellos amores y se desentendió de la antigua lady Hamilton, que moriría en la penuria.

Fuente: Cambiaron la historia, César Vidal. Planeta, 2009

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