viernes, 15 de abril de 2011

La crisis de la democracia en la II República

Con esta entrada inauguraré una serie de reflexiones sobre artículos de la II República que se centran, sobre todo, en intentar explicar qué fue lo que hizo que fracasase. En la historiografía no todo está tan claro como el común de las personas cree, y las causas del fin del régimen aún están en franco debate, y generando polémica. El primer texto reseñado está firmado por Leandro Álvarez Rey  —profesor de la facultad de Historia de la Universidad de Sevilla— y se titula "Crisis de la democracia republicana". En él defiende, a grandes rasgos, que el fin de la II República se produjo principalmente debido a la continua y difícil inestabilidad política que la acompañó de principio a fin. 

El autor afirma, así, que la República había llegado por problemas específicamente internos del régimen anterior, y a ellos intentó dar respuesta presentándose como una fórmula de convivencia entre los españoles dentro de la construcción de un sistema democrático, pluralista, participativo e integral, vertebrado desde su comienzo por el proyecto socialdemócrata y republicano de izquierda personalizado en Azaña. El marcado carácter reformista de esta primera etapa significó además los primeros problemas a los que se enfrentaría la República, con un sector de la población nada proclive a los cambios. Se destaca así, en el texto, la cuestión del mundo rural, por ejemplo, y también la de los cacicazgos, así como la cuestión religiosa, como los principales problemas a los que se enfrentó la república en sus inicios. Aún así, hasta 1933 al menos la colaboración entre republicanos y socialistas hizo posible que se llevasen a la práctica buena parte de ese abanico de reformas orientadas a la democratización y modernización de las estructuras del país. Ciertamente —afirma el autor—, puede argumentarse que algunas de las reformas emprendidas adolecían de errores técnicos, y que el ambiente “jacobino” en el que intentaron ser implantadas alarmaron a muchos españoles, apartándoles de una leal colaboración con los nuevos gobernantes. Pero en modo alguno puede decirse que aquella era una república dominada por los “bolcheviques”, como las derechas proclamarían. Así, la actitud de las derechas en este periodo de 1931 a 1933 fue, básicamente, de resistencia al cambio y esencialmente reaccionaria. La reacción estuvo suscitada primeramente en dos cuestiones: la legislación sociolaboral impulsada por el gobierno y las medidas laicistas y los sucesos anticlericales a partir de la “quema de conventos” de mayo de 1931. 
Quema de iglesias y conventos en Barcelona
Esta cuestión religiosa sería uno de los principales problemas a los que se enfrentó la República y fue, asimismo, uno de los más graves errores de los gobernantes republicanos, pues desde muy a comienzos del periodo se ganó la enemistad de muchas capas de la población altamente religiosas. Esta política anticlerical hizo, además, unir a unas derechas muy renqueantes tras el 14 de abril. Fue entonces cuando tuvo lugar la “Sanjurjada”, el primer golpe de estado contra la República en agosto de 1932, y cuyo fracaso supuso el momento de mayor autoridad del régimen Republicano, que conllevó, además, al respaldo definitivo de la Ley de Reforma Agraria y del Estatuto de Cataluña.
Las derechas reanudarían plenamente su actividad a comienzos de 1933, cuando se establecieron y consolidaron los nuevos partidos y organizaciones conservadoras, naciendo entonces partidos como el Republicano Conservador de Miguel Maura o la CEDA de Gil Robles, que iniciaron —según palabras del autor— desde 1933 una virulenta campaña de agitación aprovechando cualquier incidente, buscando poner en entredicho la política del gobierno y de las fuerzas que lo apoyaban.
La mujer votó por primera vez en las elecciones de 1933
La polémica de la Ley de Reforma Agraria, y sucesos como el de Casas Viejas, fue haciendo cada vez más difícil la labor del gobierno a medida que avanzaba 1933, hasta que la alianza del gobierno se rompió, y Azaña fue finalmente descabalgado de la presidencia. La disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones dieron la victoria a la derecha, representando un vuelco trascendental en la correlación de fuerzas parlamentarias. La victoria de las mismas se ha de explicar en una serie de factores: la desfragmentación de las izquierdas, que acudieron separadas a las urnas (mientras que la derecha acudió unida en la CEDA), las impopulares medidas tomadas por el gobierno anterior, el voto femenino, que votó masivamente a las derechas, o un sistema electoral difícil y complejo que acabó por darle el espaldarazo definitivo a las opciones vencedoras.
El gobierno quedó finalmente conformado por una coalición entre la CEDA y los radicales de Lerroux, como decíamos, de centro izquierda. Las bases pragmáticas acordadas por el comité de enlace de las derechas fueron: revisión de la legislación laica y “socializante” del bienio anterior, defensa y protección de los intereses económicos —en particular agrarios—, y amnistía para los delitos políticos, especialmente los implicados en el golpe de Sanjurjo. Así, el primer golpe del gobierno fue el aplastamiento del movimiento obrero, con una vuelta a la situación de imposición de las condiciones laborales y control de los patronos sobre el mercado de trabajo. El segundo golpe fue en el seno de los Ayuntamientos, donde las corporaciones de izquierda fueron destituidas por comisiones gestoras formadas por gentes procedentes de los viejos partidos dinásticos. 
Mineros asturianos arrestados por la Guardia Civil tras oct-1934
En octubre de 1934, y ante el ingreso de tres ministros más de la CEDA en el gabinete de gobierno, los socialistas desencadenaron un movimiento obrero revolucionario al convocar una huelga general que vivió sus más virulentos episodios en Asturias, donde fue sofocada a costa de enormes pérdidas materiales y humanas. Tras el aplastamiento de la insurrección la derecha fue muy criticada por la represión, cuestión que acabó por dividir al ejecutivo y provocar la crisis ministerial de abril de 1935. A partir de entonces (octubre del 34) el gobierno suspendió la aplicación de lo realizado en el primer bienio.
A fines de 1935 una crisis ministerial se llevó al gobierno de las derechas. El hundimiento de los radicales de Lerroux, implicados en escándalos de corrupción, provocó la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Este hecho cogió a las derechas desprevenidas. Las izquierdas, en cambio, y aprendiendo la lección de las elecciones del 33, fueron a los comicios unidas bajo la dirección de Azaña y un grupo llamado Frente Popular. En febrero de 1936, aunque por un estrecho margen de votos, lograron imponerse en las urnas a las fuerzas de centro y derecha. La victoria del Frente Popular animó a la toma de muchas medidas espontáneas por parte de la población: liberación de los presos políticos, toma de tierras y cortijos, apertura de Centros y Casas del Pueblo, manifestaciones, etc. Muy pronto la situación se tornó muy conflictiva. Tanto los extremos de derecha e izquierda hicieron de las calles escenario de peleas y tiroteos, y en aquellos meses que precedieron a julio de 1936 menudearon los atentados —el texto no cita los asesinatos del teniente Castillo y de Calvo Sotelo, sin duda claves en estos meses que precedieron al golpe—.
Así, a mediados de julio las guarniciones militares consumaron su divorcio de la mayoría de la sociedad civil, interpretando los intereses de unos como los de la nación y la patria en peligro. 

Habría que hacer un breve análisis de las conclusiones a las que se pueden llevar a cabo una vez concluida la lectura del artículo. Así, queda constancia en el mismo el constante clima de inestabilidad política que se vivió durante el quinquenio republicano, inestabilidad que subyacía en el seno de una sociedad profundamente dividida desde antes de la propia concepción de la República. Según se puede observar en el texto de Leandro Álvarez, las causas principales del fracaso republicano están, por una parte, en la “revolucionaria” legislación del primer bieno, que quizá no tuvo en cuenta el impacto que causaría en una población muy atrasada, así como la impopularidad de otras medidas, y la ineficacia de otras. Por otra parte, habría que destacar el papel de una derecha totalmente reaccionaria y que nunca se acabó de creer el juego republicano. Asimismo, el papel de la izquierda más radical, empeñada en hacer la república y la revolución a su manera, resulta esencial para entender el difícil clima político y social vivido durante el periodo. Es, así pues, la inestabilidad vivida entre los españoles, con su reflejo en la política, lo que hizo imposible la labor de la República y lo que propició el descontento para con ésta y el posterior golpe dado por unos militares que se creían poseedores del interés de la nación. Aún así, el que el fracaso del golpe desembocase en una guerra, y no en una reafirmación de la República —como el de Sanjurjo en 1932— significaba que por aquel entonces la Segunda República era ya un régimen difunto, con el apoyo real tan sólo de una pequeña parte de la población —no hay que olvidar que el apoyo de buena parte de la izquierda era tan solo eventual— y sin capacidad ninguna de imponerse en su propio territorio como régimen legítimo y soberano que era.

Texto reseñado: La Crisis de la Democracia Repubicana, Leandro Álvarez Rey. Las Claves de la España del Siglo XX, nº 1. Valencia, 2001. Pag. 127-150

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