jueves, 14 de abril de 2011

La decisiva sucesión de Lenin: Stalin vs. Trotsky

Lenin murió en 1924, prematuramente, a la edad de cincuenta y cuatro años, tras una serie de ataques de parálisis que le dejaron imposibilitado durante los dos últimos años de su vida. Sus restos embalsamados quedaron expuestos al público, permanentemente, en el Kremlin; Petrogrado recibió el nombre de Leningrado; en torno a su nombre y a su imagen, se creó un culto al dirigente; el partido le presentaba como un igual deificado del propio Marx; y todas las escuelas de pensamiento comunista tenían que proclamar una inquebrantable fidelidad a la tradición leninista. En realidad, los antiguos bolcheviques nunca habían considerado a Lenin, en vida, como infalible. Muchas veces, habían discrepado de él, y unos de otros. Cuando él estaba muriendo, y después de su muerte, sus antiguos compañeros y contemporáneos, hombres que estaban en su plenitud y que mantenían los hábitos de discusión de los tiempos del destierro, luchaban entre sí por el control del partido en nombre de Lenin. Discutían sobre las intenciones de Lenin. ¿Había pensado él, secretamente, en la NEP (Nueva Política Económica, introducida a partir de 1921 para incentivar, principalmente, la agricultura) como en una política permanente? En caso contrario, ¿cómo la habría modificado, y, más especialmente, cuándo? Tranquilamente, entre bastidores, como secretario del partido, sin prestar mucha atención a problemas más importantes, un miembro hasta entonces relativamente modesto, llamado José Stalin, de quien Lenin nunca había tenido una opinión demasiado buena, estaba reuniendo en sus manos todos los hilos de control del partido. De un modo más abierto y clamoroso, León Trotsky, que en su condición de comisario de guerra, durante los años críticos, sólo habia sido menos sobresaliente que el propio Lenin, planteaba las cuestiones básicas del carácter conjunto y del futuro del movimiento.

León Trotsky
En 1925 y 1926, Trotsky denunciaba enérgicamente el cansancio que había caído sobre el socialismo. La NEP, con su tolerancia para los burgueses y para los «kulaks», excitaba su desprecio. Desarrolló su doctrina de la «revolución permanente», un incesante impulso a favor de los objetivos proletarios en todos los frentes, en todas las partes del mundo. Se erigió en el exponente de la revolución mundial, que muchos, dentro del partido, estaban empezando a descartar, a cambio de construir primero el socialismo en un solo país. Denunció la tendencia a la osificación burocrática en el partido, y proclamaba la urgencia de un nuevo movimiento de las masas para darle vida. Reclamaba un desarrollo más intenso de la industria y la colectivización de la agricultura, que siempre había figurado en los manifiestos comunistas, desde 1848. Sobre todo, exigía la inmediata adopción de un plan general, de un control central y de una organización de toda la vida económica del país.

Joseph Stalin, jóven
Trotsky no consiguió hacerse con el partido. Fue acusado de desviacionismo izquierdista, de maquinaciones contra el Comité Central y de incitar a la discusión pública de las cuestiones, fuera del partido. Stalin tejía su tela. En un congreso del partido, en 1927, 854.000 miembros votaron, obedientemente, por Stalin y por el Comité Central, y sólo 4.000 por Trotsky. Trotsky fue enviado primero a Siberia, y después desterrado de la U.R.S.S.; vivió primero en Turquía, después en Francia, luego en México, escribiendo y haciendo propaganda de la «revolución permanente», estigmatizando los procesos de desarrollo en la U.R.S.S. como «estalinismo», una monstruosa traición al marxismo-leninismo, y organizando una clandestinidad contra Stalin, como en otros tiempos lo había hecho contra el zar. Fue asesinado en México, en 1940, en circunstancias misteriosas, probablemente por un agente soviético o por un simpatizante.

Fuente: Historia contemporánea, Palmer & Colton, 1950. Akal, 1980

2 comentarios:

  1. ¿A Trosky no lo mató Ramón Mercader con un piolet?

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    1. Sí.. Parece muy sensacionalista el artículo.

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