jueves, 21 de abril de 2011

La crisis política de los años 30, democracia contra dictadura

En los años 1920, las gentes, por lo general, creían que el siglo XX estaba haciendo realidad todos los propósitos contenidos en la idea de progreso; en los 1930, empezaban a temer que el «progreso» fuese un fantasma, a pronunciar, conscientemente, la palabra entre comillas mentales, y a contentarse, aunque sólo fuese, con poder impedir una recaída en una barbarie auténtica y en una nueva guerra mundial.
Periódico de la época. En portada, el crash de Wall Street
La gran depresión originó la pesadilla de los años 1930. Por todas partes, lo que se pedía era seguridad. Desde el punto de vista económico, cada nación trataba de vivir encerrada en sí misma, hasta donde le fuese posible. Cada una regulaba, controlaba, dirigía, planificaba y trataba de salvar su propio sistema económico, procurando verse lo menos influida posible por el impredecible comportamiento de otros países, o por la libre subida y bajada de los precios en un mercado mundial incontrolado. Dentro de cada país, la misma búsqueda de seguridad estimulaba el avance del estado del bienestar y de la democracia social. Donde las instituciones democráticas eran fuertes y elásticas, los gobiernos adoptaban medidas para proteger a los individuos contra los estragos del desempleo y de la miseria, y para ayudarles a defenderse contra futuras catástrofes. Esos gobiernos seguían estando democráticamente controlados, pero asumían pesadas y nuevas responsabilidades sociales. Por otra parte, donde los gobiernos democráticos no estaban bien establecidos o asentados, como ocurría en muchos países después de la Primera Guerra Mundial, la dictadura se extendía alarmantemente en los años 1930, con la llegada de la depresión. Se decía que la democracia era conveniente sólo para los países ricos o prósperos. 
Hitler, aclamado por las masas en las elecciones de 1933
Los parados, en general, se preocupaban mucho más de la ayuda económica, o de las promesas de ayuda económica, que de cualquier teoría sobre la forma en que deben ser elegidas las personas que ejercen los poderes públicos. Se clamaba por un dirigente, alguien que actuase, que adoptase decisiones, que asumiese responsabilidades, que obtuviese resultados, que inspirase confianza y restaurase el orgullo nacional. La gran depresión abrió el camino a aventureros políticos sin escrúpulos y ambiciosos, a dictadores como Adolf Hitler en Alemania, cuya solución a todos los problemas —económicos, políticos e internacionales— resultó ser la guerra y la eliminación sistemática de todos los judíos del Reich.

Fuente: Historia contemporánea, Palmer & Colton, 1950. Akal, 1980

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