lunes, 25 de abril de 2011

Las causas inmediatas del fin de la II República

Con este texto finalizamos la reflexión acerca de cuales fueron las causas de la caída del régimen de la II República. Recordemos las dos posturas anteriores a las cuales hay que añadirle la de a continuación, defendida por Javier Tusell. Estas tres suponen las tres corrientes de pensamiento que existen actualmente en la historiografía acerca del fin del régimen republicano y el por qué del inicio de la Guerra Civil.
  • La primera postura, "La crisis de la democracia en la II República", reseñando un texto de Leandro Álvarez Rey, establece que el fin del régimen republicano se produjo debido a la inestabilidad política que tuvo durante corta vida. 
  • La segunda postura, "La violencia política y la crisis de la II República", reseñando un texto a su vez de Eduardo González Calleja, analiza la continua inestabilidad y el fin del régimen no producto de la crisis política sino de una continua violencia social, que hizo imposible cualquier esfuerzo desde el gobierno por llevar a la República a buen término. 
  •  Y por último, a continuación reseñamos un texto de Javier Tusell, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED, titulado“Las responsabilidades de la Guerra Civil”, donde plantea interesantes hipótesis que pueden llegar a contradecir a las ya vistas con anterioridad; que se resumen en que la Guerra Civil no fue un hecho inevitable pues pudo evitarse hasta prácticamente el verano de 1936, si se hubiesen seguido, por parte del gobierno y de los partidos políticos, una serie de medidas.
Así, Tusell comienza su texto aludiendo a que, en otra época, la Guerra Civil se planteaba, al mismo tiempo, como un suceso histórico de origen remoto e inevitable en su estallido final. Hoy, el estallido de la Guerra Civil se explica como un ejemplo de quiebra de la democracia. En él existieron causas más remotas pero, en cualquier caso, no se deben remontar más allá del comienzo de esa experiencia democrática que fue la Segunda República española. Actualmente, nadie enumeraría una sola causa sino una pluralidad de las mismas que, además, aparecieron concatenadas en forma de proceso. El proceso de destrucción de la democracia no fue inevitable; pudo ser detenido, incluso en los últimos momentos.
La Segunda República significó en la práctica algo tan difícil como la implantación súbita de un régimen democrático en un país cuyo nivel cultural y tensiones sociales eran los de la Francia o la Inglaterra de hacía más de un siglo. Aún así, no cabe duda de que se cometieron errores de carácter colectivo, con participación de todos los grupos políticos. El principal problema al principio fue, según palabras del autor, que a la República le faltó un consenso inicial que permitiera que todos asumieran unas reglas comunes de convivencia. Un culpable claro de este hecho sería la polarización; hubo una peligrosa semilealtad por ambas partes y de manera cambiante, esencialmente en los dos partidos más importantes del momento, la CEDA y el PSOE.
 Niceto Alcalá Zamora
Aún así, hasta el año 1934, y a pesar de todas las dificultades, la guerra civil ni siquiera parecía imaginable. La violencia desatada en octubre de 1934 cambió de manera sustancial el clima, que agudizó la victoria del Frente Popular en febrero del 36. La inminente actuación de ésta en las Cortes, actuando de forma partidista y contra la minoría de la CEDA, sirvieron para acrecentar el clima de enfrentamiento; esta actitud del Frente Popular lo enfrentó incluso con el Presidente Alcalá Zamora, acabando incluso con su puesto debido a supuestas irregularidades a la hora de disolver las Cortes denunciadas por el partido de Azaña. Éste fue el sustituto de Alcalá Zamora y prontamente, según cuenta Tusell, él mismo parece haberse sentido un tanto fatigado y escéptico ante sus responsabilidades, pues a partir de aquel momento cabe atribuirle cierta pasividad culpable ante unos acontecimientos tan dramáticos como los que iban a suceder. A estas alturas —mayo de 1936—, pues, las posibilidades de convivencia se habían esfumado por completo, con una tremenda violencia política incontrolable y practicada por los dos bandos.
La cuestión del PSOE fue determinante, como decíamos y apuntaba Tusell, en la escalada de esta etapa final hacia el abismo de la guerra. Se produjo la victoria del sector de Largo Caballero, más extremista, contra la de Prieto, cuya posición era mucho más lúcida. La victoria de éste último hubiera podido contribuir a evitar la guerra civil y mantener la estabilidad de la República. El diagnóstico de Prieto acerca de la situación era de hecho compartido, en cierto modo al menos, por personalidades muy distintas, desde Domingo a Ossorio pasando por Gil Robles. Y de la misma manera en que Prieto había perdido el liderazgo del PSOE, el de Gil Robles estaba en peligro ante un Calvo Sotelo mucho más agresivo contra el gobierno. Así pues, en esta fase final, los dos grandes partidos de la República carecieron de propósito único y de base firme.
Casares Quiroga
En una situación como ésta, lo más necesitado era un gobierno firme y decidido, cosa que tampoco ocurría. La dirección del gobierno de Casares Quiroga, que sustituyó a Azaña, estaba tratando de actuar pasivamente y en una actitud semejante a la de agosto de 1932, es decir, esperar a que ocurra una sublevación derechista y, una vez vencida, le sirviera para reafirmarse en el poder. La cuestión de la sublevación derechista no era desconocida por muchísimos políticos del Frente Popular que lo denunciaron ante la pasividad del gobierno. Tusell señala en este momento lo que podría haber sido una posible solución ante esta situación de crisis, dos postreros intentos de mantener la convivencia en el régimen republicano: el primero, parece ser ideado por Sanchez Albornoz o Giménez Fernández, era la creación de una nueva mayoría que pudiera contar, a la vez, con el sector centrista del socialismo y de la CEDA; la segunda, el establecimiento de una “dictadura republicana”, petición de Miguel Maura, destinada a mantener el orden para volver luego a la legalidad.
Aún difíciles —afirma Tusell— estas dos posibilidades quizá hubieran podido fraguar para garantizar la legitimidad de la República, siempre que no hubiera tenido lugar el asesinato de Calvo Sotelo, como represalia a otro anterior, el del teniente Castillo. Este cruce de asesinatos, según el catedrático, fue totalmente decisivo en el salto al abismo que supuso el inicio de la Guerra Civil.
Cadáver de José Calvo Sotelo
La postura de Javier Tusell en este interesante texto puede considerarse algo alejada a los textos analizados anteriormente. Si en éstos veíamos cómo las causas de la Guerra Civil eran, por un lado, la total inestabilidad política, y por otro, un enfrentamiento social anterior a la República y que estalló en ésta, en el presente artículo, Tusell, aun sin obviar las causas presentadas por estos especialistas, afirma que en realidad en el estallido de la Guerra Civil no contribuyó de forma tan decisiva esta inestabilidad política, y de la misma manera que tampoco fue algo inevitable desde el punto de la conflictividad social. Afirma que la Guerra Civil nunca estuvo en el horizonte republicano hasta las postrimerías del golpe y que una dirección más fuerte por parte del Gobierno y de los dos partidos importantes pudo haberla evitado.

Texto reseñado: "Las responsabilidades de la Guerra Civil", Javier Tussel. La Aventura de la Historia, nº 6

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