martes, 17 de mayo de 2011

Biografía: Alfonso X "El Sabio"

Rey de Castilla y de León, hijo de Fernando III y rey sabio, poca gente conoce que Alfonso X no sólo fue uno de los monarcas más importantes de la Edad Media, sino que incluso pudo adelantarse en tres siglos a la estrategia europea de Carlos V. Fue el rey que estuvo a punto de convertirse en emperador y que a ello dedicó buena parte de sus recursos y esfuerzos.
 
Rey de Castilla y León, Alfonso X "el Sabio"
 En la estirpe de Alfonso se juntaron dos sangres regias de especial relevancia. Por un lado, su padre Fernando III había unificado de manera definitiva las coronas de Castilla y de León y había proporcionado un impulso absolutamente extraordinario a la Reconquista. Por otro, su madre Beatriz de Suabia era hija del emperador alemán Felipe y servía como prenda de una proyección europea que Castilla mantendría durante los siglos siguientes. Alfonso —que nació el 23 de noviembre de 1221, en Toledo— representó, precisamente, un intento de conjunción de ambas herencias. Así, prosiguió la Reconquista ocupando las fortalezas de Jerez (1253) y Cádiz (c. 1262) e incluso se vio obligado a sofocar una sublevación de los mudejares del valle del Guadalquivir y a enfrentarse con la doblez de los musulmanes granadinos. Sin embargo, su máxima aspiración fue sentarse en el trono del Sacro Imperio Romano Germánico, un proyecto que se llevó por delante más de la mitad de sus años de monarca.
Miniatura de "Las Partidas" de Alfonso X
El emperador alemán derivaba su condición de la línea familiar, pero ésta se hallaba templada por la acción de los electores imperiales al haberse extinguido la casa de los Hohenstaufen. Cuando en 1257 los electores tuvieron que optar entre Alfonso X y el inglés Ricardo de Cornua-lles, no consiguieron llegar a un acuerdo y el trono se convirtió en una silla vacante objeto de ambiciones políticas. Tanto la necesidad de gobernar sobre una población cristiana en su mayor parte, pero también con importantes núcleos musulmanes y judíos, como el deseo de ser emperador determinaron los grandes aportes de Alfonso X a la cultura universal. Jurídicamente, el impulso de Alfonso X cristalizó en obras legales de la trascendencia de Las Siete Partidas, El espéculo o El fuero real, texto este último que algunos han relacionado con su deseo de llegar a ser emperador. Pero la contribución científica no fue menor. En la Escuela de Traductores de Toledo —que erróneamente se asocia a veces con el islam cuando lo cierto es que dependió del cristiano Alfonso X—, se vertieron al castellano importantes textos que significaron la recuperación de buena parte de la cultura clásica de Grecia y Roma perdida durante las incursiones bárbaras y las invasiones islámicas. Fue así como vieron la luz las Tablas astronómicas alfonsíes, elaboradas en 1272. Aún más relevante fue la actividad historiográfica de Alfonso X y de sus colaboradores. En su Estoria de España, por ejemplo, puede percibirse ya expresado con total claridad un sentimiento nacional español que Alfonso X retrotrae acertadamente al período inmediatamente posterior a la caída del Imperio romano, conectándolo además con la historia anterior de Hispania. Su Grande e general estoria, por otro lado, es un intento sugestivo de historiar la andadura humana. Artísticamente, Alfonso X también representó un papel incomparable no sólo en la España de la época, sino en toda Europa. A él se deben no sólo las Cantigas, sino también el inicio de las obras de la catedral de León. Por si todo lo anterior fuera poco, gracias a Alfonso X conocemos excepcionalmente aspectos de la vida cotidiana de la época como, por ejemplo, el juego reflejado en Libros de axedrez, dados e tablas.
A pesar del esplendor de su época —ciertamente extraordinario—, los últimos años de Alfonso X se vieron plagados de repetidas amarguras. Primero, vino la gran desilusión imperial. En septiembre de 1273, Rodolfo I de Habsburgo fue elegido emperador y las esperanzas de Alfonso X se desvanecieron. Ciertamente, intentó revertir su suerte, pero en mayo de 1275, el monarca castellano se vio obligado a renunciar de manera definitiva al imperio por decisión del papa Gregorio X. Ese mismo año estuvo también lúgubremente ensombrecido por la muerte del infante Fernando, su primogénito. Quedaba abierto así un proceso sucesorio erizado de dificultades. Alfonso y Fernando, los hijos de Fernando, los llamados infantes de la Cerda porque su padre había tenido un pelo o cerda que le salía de un lunar, se enfrentaron con el infante Sancho, segundo de los hijos de Alfonso X. Sería este último el que accedería al trono como Sancho IV cuando el rey sabio falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284.
Su legado cultural y legislativo marcaría un hito en la historia de Occidente, pero seguramente esa circunstancia no le consoló del hecho de no haber podido ser ungido emperador.

Fuente: Cambiaron la historia, César Vidal. Planeta, 2009

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