miércoles, 11 de mayo de 2011

Napoleón y la invención de las conservas

Botella de conserva, de Nicolás Appert
Las largas y magestuosas campañas de Napoleón fueron las precursoras de uno de los inventos más trascendentes en el plano de la alimentación. Fue concretamente durante la campaña de Rusia, en 1803, cuando una hambruna diezmó las tropas de Napoleón debido a la dificultad de hacer llegar víveres a zonas tan lejanas. El Emperador ofreció una recompensa de 12.000 francos a aquel que hallase “un método para mantener los alimentos largo tiempo y en buen estado”, y fue entonces cuando apareció en escena Nicolás Appert.
El maestro confitero llevaba catorce años experimentando la cuestión, con un procedimiento que consistía en colocar los alimentos en botellas de vidrio tapadas con tapones de corcho sujetos con alambre y sellados con cera o lacre que sometía a un calentamiento en agua hirviendo durante largos tiempos. Consiguió el premio de Napoleón con su procedimiento, otorgándosele el título de “Benefactor de la Humanidad”. Había inventado la técnica de conservación de alimentos por calor, a 100-110 grados, llamada también "appertización". Aún así, Appert no supo explicar nunca por qué su método alargaba la duración de los alimentos, cosa que en realidad no importaba a Napoleón, ya que cumplió con creces su objetivo, y su ejército pudo alimentarse de conservas.
Este ejemplo es uno de tantos de tecnología que nace en el ámbito militar y que acaba siendo pieza clave en la vida diaria de las personas. 
En 1810 el invento sería perfeccionado cambiando el material vidrio por el de la hojalata, que dotó a las conservas de mayor resistencia y las previno del efecto de la luz que deteriora el contenido vitamínico.

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