miércoles, 18 de mayo de 2011

¡Es posible el cambio!, el paradigma del movimiento estudiantil en el tardo-franquismo

Muchos nos preguntamos, ¿qué podemos hacer, nosotros, los jóvenes, ante el atropello que estamos sufriendo, y lo más grave, al robo que están haciendo de nuestro futuro? La mayoría no acierta a dar una respuesta. Y es que uno de los mecanismos de cualquier régimen en el poder es el de la anestesia: hacer que la población lo vea inamovible, y que siempre tiene una solución. Pero ya no hay soluciones que nos valgan. Yo vengo a aportar aquí mi pequeño granito de arena: en la historia, siempre ha sido posible cambiar las cosas. Viene ocurriendo desde el lejano 1789 de la Revolución Francesa hasta ahora, cíclicamente y en todos los países: siempre han habido rebeliones, los regímenes de poder siempre han tenido que lidiar con la población descontenta, han habido caídas de gobierno, dictadores y dictaduras. Es posible y ocurrió en el franquismo, el paradigma del que vengo a hablar, porque mi pequeño granito de arena tan sólo es el de hacernos recordar: ¡los jóvenes podemos provocar el cambio! Derrocaron los estudiantes franceses a De Gaulle en mayo del 68, lucharon en Praga contra la URSS también en este mismo y mágico año, derrocaron a Salazar en Portugal, en el 74, y el paradigma más cercano, el del mundo árabe. Todas tienen algo en común: la punta de lanza son los jóvenes, indiferentemente de la cuestión política detrás: porque estas revoluciones son eminentemente sociales y no políticas, a pesar del uso que de éstas puede hacer cualquier ideología para apropiárselas.

El tardo-franquismo fue derrocado por el movimiento estudiantil. Sí, seguramente te sonará muy rara esta frase, y me dirás que estoy equivocado. Franco murió en su cama y su dictadura no lo hizo hasta que no se apagó su voz. Estamos de acuerdo, pero acaso, ¿tenía el mismo poder éste sobre su régimen a principios de los años setenta?, ¿era aún el Caudillo heroico de toda España y de todos los españoles? Mediante la presente entrada intentaré demostrar hasta qué punto el movimiento estudiantil resquebrajó, desde abajo, como castores que roen madera, el sólido y poderoso régimen franquista. Me aventuro a decir que, sin este movimiento estudiantil y universitario de mitad de los sesenta, la Transición no hubiese ocurrido de la manera en que ocurrió, y diría, yendo más allá, que quizá ni hubiese ocurrido. Es un ejemplo que aún tenemos muy cerca, hace escasos ¿cuantos, cuarenta años?, y parece que ocurrió tan lejos como 1789. Quizá sea que a los del poder no les interesa recordarlo. Es curioso, porque fue precisamente ese movimiento estudiantil de los sesenta la cuna de la mayoría de los políticos de la Transición: los que son los "padres" de los de ahora. Pero vayamos al tema.
Carga policial contra manifestantesa universitarios
Me baso en el análisis de un artículo titulado "Movimiento estudiantil antifranquista, cultura política y transición política a la democracia”, de Alberto Carrillo-Linares. El autor considera que este movimiento fue un pilar cardinal de cara a la transición política, diciendo que la transición se “coció” en la Universidad más que en ningún otro lugar. ¡E importante!, para partir de este supuesto hay que entender que antes de la transición política existió una transición social que fue la que implicó la transformación de la cultura política. El análisis del movimiento lo hace según tres vectores que fueron clave en el mismo. 
El primero es la ruptura generacional. La generación de los jóvenes de los años sesenta son los primeros que no tendrán recuerdos ni vivencias de la Guerra Civil ni de la inmediata posguerra. El régimen haría todo lo posible por preservar a esta generación, pero le fue imposible: “se le escapó”, y la pérdida de esta generación haría imposible la continuidad de la dictadura, pues antes que política, como decíamos, la ruptura definitiva con el franquismo fue cultural y vital, y las manifestaciones de este hecho se apreciaron por doquier: música, hábitos, estilos, consumo, modas, etc., todo muy alejado de los cánones que marcaban el franquismo. ¿Cual es la similitud con nuestra juventud?, ninguno de nosotros ha vivido ya la Transición. Y no podemos seguir siendo herederos de ella; hay que ir un paso más allá en la España que allí se forjó, que tenía unos valores determinados nacidos en su propia condición de ser una democracia contra una longeva dictadura. Hoy esos valores han quedado obsoletos, necesitamos otra Transición.
Policías golpean a manifestante en una famosa fotografía
El segundo vector clave de este movimiento estudiantil supone la “dinamización social” existente en aquella sociedad. El estudiantil fue el movimiento más dinámico ya que, en primer lugar, las movilizaciones y la agitación pusieron en jaque a la dictadura desde un primer momento. Fue un movimiento más corrosivo, ya que mientras el régimen temía más y hacía más esfuerzos por controlar el obrero, perdió de vista los efectos destructivos del estudiantil. De este modo, fue el estudiantil el que más desestabilizó al régimen, ya que el obrero siempre estuvo controlado. El estudiantil pudo mantenerse, además, con un nivel de contestación casi semanalmente, a veces diariamente, durante muchos años en casi todas las universidades. Sus reivindicaciones sociales fueron satisfechas la mayoría en la transición, una vez los nuevos líderes forjados en esta convulsa Universidad estuvieran en disposición de tomar el poder e incorporar estas reivindicaciones (divorcio, aborto, despenalización del adulterio, feminismo, estilos y modas, homosexualidad, etc.), rompiendo, en definitiva, los valores decimonónicos del franquismo. Estos valores del movimiento estudiantil fueron, como hemos visto, la base cultural de la Transición. Esos valores, treinta años después, han de ser renovados de nuevo.
El último de los vectores del movimiento estudiantil supone la educación social. El movimiento estudiantil fue el que mejor educó a la población de cara a la Transición, como acabamos de citar, y no sólo desde el punto de vista político sino también, fundamentalmente, cultural. Será en esta universidad, además, donde se educaron y formaron en sentido profesional y humano aquéllos llamados a ser líderes en este proceso. En definitiva, en la universidad se creará o difundirá una cultura alternativa que llenó de contenido algunos espacios fundamentales en la construcción del nuevo régimen político, cuyo funcionamiento no se basa sólo en los mecanismos clásicos democráticos (elecciones, partidos, etc.), sino en un conjunto de valores como los forjados en el contestatario y antifranquista movimiento estudiantil.
¿Qué podemos aprender de esto?, pues que el cambio siempre es posible. Y algunos volveréis a decirme que en realidad nunca hubo ningún cambio, ya que la dictadura llegó tan lejos como el Caudillo. Pero la Transición ocurrió a nivel social diez años antes que la propia Transición política, la que todos conocemos. Sin esa Transición, la social, la muerte de Franco habría sido acompañada de una monarquía, en la figura de Juan Carlos I (que nadie se engañe en aquéllo que nos han echo ver: que la figura del monarca fue la clave en la Transición, porque no fue así), con unas Cortes franquistas y el aparato franquista cuasi intacto. Porque lo que resquebrajó al franquismo no fue la muerte de su líder, sino la pérdida del control de la juventud, que conllevó a la pérdida del control de la sociedad. 
La juventud siempre ha sido adalid del cambio. Hoy nos encontramos ante un régimen con muchísimas desigualdades, y que nos ha robado lo más importante que tiene la juventud, el futuro. Y la juventud sin futuro no tiene miedo en el presente. Mientras los estudiantes de la Transición luchaban por tener un futuro, los jóvenes de esta generación debemos luchar por recuperar el que nos pertenece. Por eso, desde aquí, y si alguien me lee, intento remover conciencias, con un grito: ¡es posible!

Fuente consultada: artículo "Movimiento estudiantil antifranquista, cultura política y transición política a la democracia”, de Alberto Carrillo-Linares.

7 comentarios:

  1. Interesante reflexión, siga así. No esta mal mezclar politica con historia.Le sigo.

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  2. Gracias por su comentario. Yo soy de los que creen que la historia no sólo sirve para recopilar los hechos pasados en el futuro, sino para ayudarnos en el presente.
    Gracias por seguirme, un saludo =)

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  3. Muy interesante reflexión, se la envío a todos aquellos amigos que aún se cuestionan si sirve de algo manifestarse, salir a protestar.

    Yo también lo creo ¡es posible!
    Y me ha gustado mucho tu manera de exponerlo, recordando capítulos de nuestra historia.

    Un saludo.

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  4. Te ha quedado genial la entrada. Muy bien hecho ese paralelismo con el pasado y el presente.

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  5. Muchas gracias, como dije antes, la historia no sólo nos sirve para aprender sobre el pasado, sino también sobre qué es lo que puede pasar en el futuro. Un saludo!

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  6. Y pensar que tambien se usan personas como bombas. Muy interesante, espero tener tiempo apra leer entradas anteriores.

    Los invito a pasar por mi blog de historia, me gustaria saber su opinion de mis publicaciones:

    http://pasos-en-la-historia.blogspot.com/

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  7. Sí, muy interesante la reflexión sobre el papel del movimiento estudiantil antifranquista como fuerza que desgasta a la vez que prepara el terreno y su extrapolación a la actualidad. ¡Brillante!

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