viernes, 3 de junio de 2011

Mi opinión sobre la polémica de la Real Academia de la Historia

Historiadores los hay de muchos tipos: interesantes, pelmazos, con una muy buena pluma, aburridos, afines a una ideología, afines a otra, etc. Si bien el ejercicio de la Historia debe de ser uno de los más objetivos de todas las ciencias humanitarias, hay que tener en cuenta la siguiente afirmación: al fin y al cabo la historia la escriben los historiadores. La historia, esa ciencia milenaria que nacería donde la cuna de Halicarnaso, puede permitirse todo tipo de historiadores (como los anteriormente escritos), pero no puede permitirse malos historiadores. Centrémonos en el caso que nos ocupa. 
Gonzalo Anes, director de la RAH, posa junto a varios tomos
La ciencia histórica puede permitirse un historiador afín al régimen de Franco, de la misma manera que puede permitirse otros afines a la República, o al Comunismo. El que un historiador dé una buena visión del régimen de Franco no quita ni mucho menos que sea un mal historiador, siempre que cuando lo haga, utilice corréctamente lo que la historiografía denomina "método histórico" y que no es otra cosa que aquéllo que diferencia a historiadores de periodistas o de simples novelistas. Lo que yo vengo a criticar, en mi más humilde opinión de estudiante de Historia, es la aberrante falta de método histórico de la cual ha hecho gala aquélla que se presupone la Academia de todos nosotros, la Real de la Historia. 
Porque más que la biografía escrita por Luís Suárez (al cual le dedicaré luego unas palabras), lo que se critica desde los ámbitos académicos es cómo una institución como ésta ha demostrado tan poco tacto a la hora de colocar y publicar una biografía de un personaje tan polémico históricamente como el general Franco. Y vuelvo a repetir, creo que no se juzga a la biografía de Franco por ser una biografía "pro-franquista" sino por la profunda carencia que hay en ella de academicismo y de método histórico. Aquí radica el quid de la cuestión, y me explico: la ciencia histórica ha avanzado mucho en cuanto a sus estudios sobre el Franquismo, hay verdaderos grandes trabajos y tesis de grandes historiadores, que han revelado muchísimos datos en sus investigaciones que hoy deben servir de base para todo aquel que quiera empezar un trabajo sobre Franco y su régimen. Algunos de estos reputados historiadores son Ángel Viñas, Javier Tusell, Santos Juliá o Enrique Moradiellos, o extranjeros como Paul Preston, Hugh Thomas, Ian Gibson o Stanley Paine; algunos de éstos son ligeramente afines a un "bando" y contrarios al otro, así como al revés también. Pero son, ante todo, historiadores; conocen a la perfección la España del siglo XX y, si bien, como venimos diciendo, pueden "enmarcarse" en una u otra corriente, no es menester quitarles el mérito del trabajo bien hecho. Este trabajo bien hecho es el que se le presupone a la Real Academia de la Historia. O lo que es lo mismo: ésta debe ser la punta de lanza de los más novedosos estudios históricos. 
Pero nos encontramos con un panorama muy diferente, con una Academia que no es sino un "geriátrico" de historiadores de otro tiempo, que no tienen nada que ver con las nuevas corrientes en el estudio de la Historia. Y esta cuestión ha quedado reflejada en esta magna obra del "Diccionario biográfico español", que podría haber sido una muy buena oportunidad de revisionar muchas de las biografías (como la de Franco) aportando lo más novedoso respecto a éstos, y los más nuevos discursos históricos acordes con las más recientes investigaciones. Y resulta que es tan sólo una vulgar repetición de los viejos clichés de la historiografía tradicional, apoyados (en el caso de la biografía del Caudillo) en un historiador medievalista, afín al régimen cuando aún se sostenía, que tuvo y tiene acceso a los papeles de Franco, ¿y qué biografía podemos encontrarnos del Generalísimo cuando la fuente para su elaboración son los papeles de éste mismo? Pues la respuesta es clara: una biografía como la que finalmente ha resultado, una barbaridad. Y repito: barbaridad no por ser "afín" al régimen, sino por estar totalmente en desconexión con el método histórico actual.
Luís Suárez, historiador medievalista, en su estudio de Madrid
Respecto a Luís Suárez, hay quien dice que éste está en "su derecho de escribir por su cuenta y riesgo". A eso diría que sí y que no a la vez. Sí, porque irremediablemente es un historiador y tiene libertad absoluta tanto de escritura como de cátedra. Pero no, porque él no escribe una obra propia, sino escribe para la Real Academia, y eso conlleva una responsabilidad tremenda. La responsabilidad de escribir una biografía de Franco acorde con lo más novedoso de las corrientes historiográficas y preocupándose por contrastar sus viejos datos con éstas. Y por mucha opinión que éste tenga acerca del régimen de Franco, no considerándolo, por ejemplo, como una dictadura, el estudio histórico nos ha demostrado irrefutablemente que el del Caudillo fue un régimen dictatorial. Y no hace falta que sean los historiadores mismos los que nos lo digan.

6 comentarios:

  1. Lo que pasa es que este señor no ha sido objetivo. Y para ser historiador, creo yo que hay que dejar de lado la propia ideología y limitarse a contar lo que pasó, le guste o no.

    En cuanto a la RAH deberían pensar en jubilarse estos carcamales y dejar paso a gente más joven y con métodos más modernos.

    Un saludo.

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  2. El tema de la objetividad en el estudio de la historia es muy complicado. Más de lo que parece y de lo que la gente se cree. Objetividad total es una mera descripción de hechos históricos, y precisamente eso es lo que ha hecho el historiadore Luís Suárez. Y un historiador no debe ser tan sólo un simple cronista, debe analizar la historia. Y analizar el Franquismo supone decir que fue, por ejemplo, una dictadura. Cuya definición no es gratuita, sino que responde a un análisis histórico del régimen del que, además, pueden no coincidir varios historiadores. Es decir, ser realmente objetivo en cuanto al Franquismo es no inmiscuirse en decir si fue totalitario o no, si fue una dictadura o no.
    Pero un historiador debe ser un analista de la historia. Y el análisis lleva irremediablemente a una parte de subjetividad. El buen historiador no es el más objetivo sino el mejor analítico, pues contar y recopilar datos acerca de cualquier acontecimiento lo puede hacer cualquiera.

    Gracias por el comentario, un saludo!

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  3. Totalmente de acuerdo con lo aquí expresado. Mientras siga el método histórico correctamente no se puede atacar la obra de un historiador, ya se incline hacia una posición u otra.Si desecharamos en virtud de la ideología nos perderíamos interesantes reflexiones tanto de un bando como de otro. Esto es difícil de entender para aquellos que no han estudiado Historia y para los que ésta es un simple ejercicio de opinión utilizando como base sus propias preferencias ideológicas.

    Por otra parte siento discrepar con Kassiopea con respecto a la RAH. Hay allí especialistas muy validos como el profesor Blázquez o el profesor Ladero Quesada. Los trabajos de estos hombres hablan por sí solos y es una barbaridad demonizar su trabajo, y todo el diccionario, por algunos artículos polémicos

    En cuanto al polémico artículo me reservo de momento porque no lo he leído y no puedo emitir un juicio. Un placer leer este blog.

    Un saludo de un compañero de carrera de Málaga!!

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  4. Gracias por el comentario Bragi. Sí que es cierto que la Historia y la ciencia histórica es muy diferente (y muy complicada) de lo que se cree el común de la gente.
    Un saludo desde un compañero de Sevilla!! =)

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  5. Que desfachatez, si Marc Bloch levantara la cabeza, señor presidente de la academia. Me parece todo esto un comic, donde la realidad se confunde tristemente con la mala leche.

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  6. Para quien no lo sepa, como de gran manera apunta el anónimo del comentario, Marc Bloch es uno de los fundadores de la célebre "escuela de los Annales" franceses, sin la cual hoy no puede entenderse la historiografía.

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