miércoles, 9 de noviembre de 2011

Doce momentos trascendentales en la Historia, parte II

La paz de Westfalia y la nueva Europa:

Cuadro de los firmantes de la paz de Westfalia
Puso fin al Imperio español en Europa y modificó para siempre sus fronteras y sus Estados. La paz de Westfalia supuso la firma de dos tratados firmados el 15 de mayo y el 24 de octubre de 1648, por los cuales finalizó la Guerra de los Treinta Años en Alemania y la de los Ochenta años entre España y los Países Bajos, que lograron su Independencia. Este momento dio lugar al primer congreso de Estados moderno e inició un nuevo orden en el centro de Europa, basado en el concepto de soberanía nacional por encima del poder de los Estadistas. De haber habido otra forma de salir de los conflictos que asolaban el continente, quién sabe si la Europa venidera habría sido diferente de la que fue.

1789:

Representación de la Toma de la Bastilla
Si acaso el más importante de los últimos siglos, el año 1789 significó aquel que daría comienzo a la Edad Contemporánea, según los historiadores, y no puede entenderse sin duda sin las ideas ilustradas que levantaron conciencias por todo el continente. El 14 de julio se produciría la Toma de la Bastilla lo cual, unido a la Asamblea Nacional declarada como escisión de los Estados Generales el 17 de junio, daría comienzo a la Revolución Francesa. El mundo ya no fue el mismo a partir de entonces. Aquí nació prácticamente el concepto de libertad entendido como derecho social, y el final del régimen feudal imperante desde hacía más de un milenio en Francia. Se subvirtió el orden social y se colocó, por primera vez en la Historia, al pueblo llano por encima de la nobleza y de la Monarquía, institución erradicada para mayor gloria del pueblo francés. Pero la trascendencia de la revolución se debió no a los graves hechos ocurridos bajo sus fronteras, sino en sembrar por todo el mundo ideas como la preeminencia de la razón y el liberalismo. El año 1812, en España, es buena prueba de ello.

Napoleón y el reinado del mundo:

L'homme, Napoleón, pintado por Jacques Louis David
El hombre que llevó el espíritu de la Revolución a todos los confines de Europa fue Napoleón Bonaparte, al que muchos consideramos el hombre de Estado perfecto. Entre 1799 y 1815 no hubo hombre más importante que él, y su obra como Estadista y militar no tienen quizá parangón en la Historia, llevando la guerra desde Cádiz a lo más hondo del Imperio ruso. Si bien tras su más sonada derrota, la última, la de Waterloo, el 18 de junio de 1815, los Estados europeos intentaron volver al Antiguo Régimen pre-revolucionario, el espíritu de la razón ya había calado en los hombres. Sin el Gran Corso habría sido muy difícil imaginar la Europa del siglo XIX y la extensión de las ideas liberales que preconizaba.

El primer horror del siglo XX:

Fotografía, soldados bajo las trincheras en la I Guerra Mundial
Fue sin duda la Primera Guerra Mundial, conocida en su momento como la Gran Guerra. Todos los grandes Estados europeos acudieron a ella con júbilo y expectación, creyendo que una guerra sería la solución al equilibrio militar y político de la Europa polvorín que trascendía entre el XIX y el XX. Y el resultado fue el horror más absoluto que hasta entonces había conocido la Historia, donde se movilizaron a más de 60 millones de combatientes y murieron entre 10 y 30 millones de personas. Como consecuencia de la misma, desaparecieron los últimos Imperios europeos, el Alemán, el Austrohúngaro, el Ruso y el Turco; y se modificaron muchísimas fronteras. Asimismo, se produciría la primera revolución socialista, la rusa, cuyo resultado, la creación de la URSS, iría a regir el destino de medio mundo años después. 
Pero la principal consecuencia de la Gran Guerra estaría en el seno del país vencido, Alemania, cuyas abusivas reparaciones de guerra a las que se le obligó pagar ocasionaron tal colapso en el Estado, que un pobre hombre que pululaba por Viena, un pintor fracasado conocido como Adolf Hitler, se convertiría en el responsable del mayor desastre de la humanidad. Porque el horror aún estaba por llegar.

El mayor desastre de la humanidad: 

Soldado soviético ondea la bandera de la URSS en Berlín.
Entre 1939 y 1945 la locura de los hombres produjo casi 70 millones de muertos. Fue la guerra de los fanatismos, de la ideología política llevada al extremo. Alemania, otrora vencida, se alzaba como ángel exterminador sobre Europa, y durante tres años no tuvo rival en el mundo. Fue el traspaso de la guerra de las fronteras del continente, con la intervención de Estados Unidos, y la defensa casi inhumana de Inglaterra y la URSS lo que hicieron que hoy Europa no sea la de Hitler, cosa que estuvo muy cerca de ocurrir. 
Su final conformó el mundo de hoy hasta 1991: un mundo dividido en los dos bloques vencedores, el Capitalista y el Comunista, en un continuo miedo a volver a vivir el horror de la Guerra Mundial.

1991, el final del "Segundo Mundo":

Fotografía, la población berlinesa tiró abajo el muro que los separaba y,
de paso, iniciaba el derrumbe del mundo Soviético. 
Las consecuencias del año 1991 quizá aún no estén claras y falta por ser estudiadas, pero está claro que supone un momento crucial en el devenir de la Humanidad. Comenzaría en una fría noche de 10 de noviembre de 1989 cuando el pueblo alemán tiró el Muro que dividía el Berlín occidental y el comunista, y finalizaría algo más de dos años después, cuando en diciembre de 1991 Boris Yeltsin proclamaría la Comunidad de Estados Independientes, unión de algunas de las antiguas Repúblicas Socialistas Soviéticas, con la República Rusa a la cabeza. La URSS, el país más poderoso de Europa durante todo el siglo XX, había sido demolida desde dentro. Gorbachov, un dirigente muy válido lastrado por el momento en que le tocó gobernar, poco pudo hacer más que contemplar al gigante derrumbarse. 
Fue el final de una guerra sin fuego y sin batalla, la llamada "Fría", que duraba más de 45 años, y el fin del Segundo Mundo, ese que significaba otro camino al que preconizaba Occidente, cuyo país líder, Estados Unidos, ya no tuvo ni tendrá rival en la supremacía mundial. 

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