Reflexiones y curiosidades sobre Historia

jueves, 23 de febrero de 2012

El auténtico golpe de estado del 23-F

¿Qué son 31 años en la Historia? Nada. Y pensar que hoy, a las 18.30 de la tarde, y hace 31 años, el teniente coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados a golpe de pistola y con la fuerza de seis autobuses de guardia civiles dispuestos a salvar España, dando comienzo al golpe de estado del 23-F. Esas imágenes, mil veces repetidas, parecen de la otro tiempo, de tiempos remotos, tal si como fuesen la imagen del asalto de Pavía al congreso de la Primera República española, que cumpliría más de 100 años, y no 31.
El supuesto triunfo de la democracia enterró este suceso y lo redujo a la mínima expresión; a una imagen, a un grito ("'¡Quieto todo el mundo!"), a unos instantes de confusión. Y el supuesto triunfo de la democracia quedó sujeto por siempre a la obra del rey, para quien la Historia quedó como el principal baluarte de la democracia, quien la defendió desde la Zarzuela. Escribo esta entrada recién terminado de leer "Anatomía de un instante", de Javier Cercas, y recomiendo encarecidamente su lectura: es directo, es ameno, está muy bien escrito y, sobre todo, muy bien documentado. Discierna, a golpe de cirujano, todos y cada uno de los factores del golpe de estado, rompiendo mitos y enfrentándose a la verdad. Léalo si quiere saber realmente qué pudo pasar (la verdad absoluta es imposible) durante las horas en que la democracia se jugó el tipo.



31 años de la imagen de Tejero. A ello ha quedado relegado el golpe, y de ahí que la memoria de los españoles no le de la suficiente importancia. El 23-F en concepción no era el asalto al congreso, sino la rebelión de todas las capitanías generales del territorio español, que tendría en el asalto al congreso su punta de lanza. Milans del Bosch (el general más prestigioso de España por entonces) sublevó Valencia, y la Acorazada Brunete (la unidad más poderosa del ejército español) estuvo a punto de hacerlo. Pero no "a punto" como se suele decir, sino "a punto" de verdad: a un tiro de piedra, al canto de un duro. Con la Acorazada Brunete sublevada, el 23-F habría triunfado sin duda (al menos, con un triunfo a medias); y ello habría empujado a las demás capitanías generales a la sublevación, pues estaban la mayoría deseando hacerlo.
El 23-F no es el golpe de Tejero, aunque la televisión lo dejó como principal imagen, y lo hizo a sabiendas de que era preferible que Tejero (un "enajenado" teniente coronel franquista) fuese la imagen del golpe, que no unos cuantos generales y militares prestigiosos de nuestro país.

¿El fracaso del 23-F fue el triunfo del rey? "Anatomía de un instante" despeja muchas dudas al respecto. Está claro que la negativa del rey a sumarse a una rebelión que iba encaminada en su nombre, y contra una democracia (que estaba hundiendo España, según los golpistas y buena parte del pensamiento de la derecha), significó el fracaso inmediato del golpe, pero no el fracaso final. El rey no había conseguido hacer que Milans del Bosch se retracte, y a duras penas podía mantener a la Acorazada Brunete en sus puestos. La sombra de los tanques sobre Madrid planeó durante toda la noche del golpe. ¿Cual fue entonces el fracaso del golpe? 

Alfonso Armada
El fracaso del 23-F fue el fracaso del general Alfonso Armada. Armada (Secretario del Rey durante muchísimos años) era el líder político del golpe. Un líder en la sombra. Su golpe era el más importante de todos: el de Tejero era el asalto al congreso, el de Milans la sublevación de Valencia, el de la Brunete la de Madrid y el de Alfonso Armada era el "golpe" a la Zarzuela. El objetivo del 23-F no hay que olvidar cual era: el desmembramiento del congreso y la creación de un gobierno de concentración presidido por un militar, Armada. Así pretendía ir Alfonso Armada a la Zarzuela y obtener del Rey el sí a su gobierno de concentración, con la escusa de que la situación era incontenible. Sabino Fernández Campo, Secretario de la Casa Real, impidió a Armada que fuese a la Zarzuela, y ello hizo que el Rey impidiese a su antiguo Secretario tener audiencia con él. "Anatomía de un Instante" nos deja una imagen de Juan Carlos no como un baluarte de la democracia, sino como un rey dubitativo, con la obsesión de echar a Suárez del poder (hacia 1981 todo el mundo quería echarlo del poder) y que veía con buenos ojos el que las riendas del Estado las tomase un gobierno de concentración.

El fracaso del 23-F fue el fracaso de Tejero y Armada. El momento álgido fue hacia la madrugada, cuando el Rey aceptó el que Armada fuese no a la Zarzuela, sino directamente al congreso. Iba a aceptar, asimismo, lo que saliese de ahí: lo que probablemente sería un gobierno presidido por Armada, lo que significaría, a medias, el triunfo del golpe. Armada fue un perfecto contra-espía: arrancó del Rey el sí con la escusa de que iba al congreso a jugarse el tipo, a conseguir que Tejero liberase al congreso. El Rey sólo le puso a Armada una condición: que no dijese en ningún momento que actuaba en su nombre.

Este es el fracaso del golpe: hacia la medianoche, Armada entraba en el congreso entre el júbilo de los sublevados, los que al fin veían entrar a la autoridad militar competente que tanto tiempo llevaban esperando. Armada y Tejero se entrevistaron, y de esa entrevista pendió el 23-F. Armada instó a Tejero a que liberase a los diputados si éste arrancaba de aquéllos un gobierno de concentración. Pero, ¿qué gobierno de concentración? He aquí el punto más importante del 23-F: el gobierno de concentración de Armada era un gobierno donde todas las fuerzas parlamentarias estuviesen representadas, y bajo su figura. Era un gobierno aún bajo la democracia, por lo que no era ni anti-constitucional ni anti-democrático. El gobierno de concentración de Tejero, por el contrario, era militar: es decir, un directorio militar donde una cúpula de militares tomase las riendas de España. 
Los dos gobiernos de concentración de ambos golpistas eran irreconciliables. Uno estaba aún bajo la imagen de la democracia, pero el otro no; y Tejero no iba a permitir que en el gobierno salido del golpe hubiese representación socialista y comunista, como pretendía Armada. Aquí fracasó el golpe, y Armada salió del congreso sabiéndose fracasado.

En este mismo instante, el Rey se dirigía a los españoles en un famoso discurso que todos habremos visto alguna vez. Con este discurso, además, la sociedad española ha visto desde entonces al Rey como el garante de la democracia. Pero, nada más lejos de la realidad: mientras el rey decía estas palabras, el golpe del 23-F se discutía en una de las salas del congreso entre ambos golpistas; y la opción de Armada, golpista también, no fue la victoriosa porque Tejero lo impidió. El discurso del Rey, curiosamente, era tan ambiguo que permitía la solución Armada: es decir, aceptaba al gobierno de concentración como posible solución democrática, y presentaba al rey además como el principal opositor al golpe.


Pero el 23-F fracasó por la  descoordinación  entre sus líderes. La obcecación de Tejero impidió que el resultado fuese el que Armada, líder político, predijo: un gobierno presidido por él y donde estuviesen representados todas las fuerzas políticas. Si éste hubiese sido el resultado del 23-F, hoy hablaríamos seguramente del golpe como el que alumbró a Armada a la presidencia de España; y la presidencia de Armada habría sido, para la Historia, aquélla que salvó a España de los golpistas. Y es que la Historia la escriben siempre, y no hay caso distinto, los vencedores.