jueves, 26 de abril de 2012

¿Por qué fracasó la Armada Invencible?


En imagen, la batalla entre las naves inglesas y españolas.
La Grande y Felicísima Armada, que ese fue su verdadero nombre, partió desde el principio destinada al fracaso. En 1588, el rey Felipe II estaba plenamente convencido de que podía organizar una gigantesca flota naval para invadir y someter a la Inglaterra de Isabel I desde El Escorial. Los pocos conocimientos del monarca sobre navegación, su despreocupación por los objetivos, los preparativos y las estrategias, y la desorganización y descoordinación evidentes fueron tales que algunos historiadores creen que la muerte del marqués de Santa Cruz, comandante en jefe de la flota naval, se debió a un infarto precipitado por las continuas críticas del Rey y la desatención del monarca a sus prudentes consejos.

La intención de esta gran Armada era atravesar el Canal de la Mancha, embarcar en Flandes a las tropas más temidas del momento, los Tercios españoles, e invadir con ellos Inglaterra. Pero la Armada Invencible no llegó nunca a cumplir sus objetivos. Desde el punto de vista estrictamente militar, los buques ingleses eran más ligeros y maniobrables y, sobre todo, sus mandos eran verdaderos marinos. Los españoles, por el contrario, aunque expertos militares, carecían de concocimientos sobre la guerra naval. Si a esto se le suma el peligroso estado de la mar, la mala meteorología padecida -se produjeron cambios de la dirección del viento continuamente- y que ya en el primer encuentro se agotó casi toda la munición -y que resultó muchas veces defectuosa- sin resultados, nada tiene de extraño que la derrota y el desastre fueran el verdadero destino de la llamada Armada Invencible; llamada así por su grandísimo volumen pero que no ganó siquiera ni una batalla.

Una tormenta arrastró las naves supervivientes al mar del Norte, donde vivieron un lento y triste naufragio. Cuando Felipe II supo de su tremendo fracaso, nunca lo asumió como suyo y, en alusión a los problemas metereológicos a los que se enfrentó su Armada, diría: "no mandé a mis naves a luchar contra los elementos".

Derrota de la armada invencible, pintura de Philippe-Jacques de Loutherbourg (1796).

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