jueves, 10 de mayo de 2012

El amuleto de Franco: la mano incorrupta de Santa Teresa

Viajó por los siglos hasta permanecer casi cuarenta años en la mesita de noche del dictador Franco. Es la mano incorrupta de Santa Teresa, que hoy descansa en la bella ciudad malagueña de Ronda, concretamente en el Convento de la Merced. Es probablemente la reliquia religiosa más importante de nuestro país.

La reliquia se encuentra protegida dentro de un guante de plata dorada con incrustaciones de piedras preciosas del siglo XVII.
El 4 de octubre de 1582 murió Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia y mística monja carmelita, cuya obra en favor de la institución religiosa fue inmensa. Nueve meses después de su muerte, el 4 de julio de 1583, se procedió a exhumar sus restos. Según la Iglesia Católica, el cuerpo apareció incorrupto y flexible. Uno de los párrocos presentes en la exhumación, el padre Gracián de Dios, decidió cortarle la mano derecha para "conservarla como recuerdo", entregándola a las monjas Carmelitas Descalzas de Ávila. 
No fue la única mutilación que sufrió el cuerpo, el padre Gracián además le cortó el dedo meñique a la mano y, según contaba él mismo, lo mantuvo con él hasta que fue hecho prisionero por los turcos, que se lo arrebataron, y que consiguió recuperar "pagando como rescate unas sortijas y 20 reales de la época".
Algo más tarde la reliquia recabó en el convento de las Carmelitas de San Alberto en Lisboa, hasta que la orden fue suprimida por el gobierno portugués. La "mano santa" pasó entonces al Patriarcado, que la entregó posteriormente al nuevo Convento de Carmelitas de Olivais. Permaneció en Portugal desde 1599 hasta 1910, fecha en que las monjas que la custodiaban, huyendo de la revolución que supuso la abolición de la monarquía en el país luso, la trajeron consigo de nuevo a España

En 1924, fue trasladada al convento de las Carmelitas Descalzas de Ronda. Tras el estallido de la Guerra Civil, Ronda quedó en la zona republicana y el 29 de agosto de 1936 la mano fue requisada. La comunidad de monjas portuguesas regresó a su país y a los pocos meses, en febrero de 1937, cuando las tropas del bando nacional tomaron Málaga, encontraron la reliquia en una maleta olvidada entre las pertenencias del Coronel Republicano José Villalba Rubio, tras su huida de Málaga.

La mano, en lugar de ser devuelta a sus legítimas propietarias, fue llevada a Burgos, donde Francisco Franco no dudó en apropiarse de ella. El capellán del Asilo, padre Rendón, justificó el expolio e intentó consolar a las Carmelitas con la siguiente frase:

"La mano no se pierde, se va con el Caudillo para guiarle en la conducción de la Patria".



Las monjas convencieron al obispo de Málaga, don Balbino Santos, para que en su nombre remitiera una carta al jefe de Estado, solicitando la devolución de la mano, pero Franco se negó, justificando los motivos que le llevaban a tomar tal decisión en una carta firmada por su secretaría particular.



Francisco Franco llegó a tener una fijación "enfermiza" con este objeto, de hecho procuró no separarse nunca de ella ya que al parecer le atribuía ciertos "poderes sobrenaturales" que lo protegían, incluso la llevaba consigo durante sus desplazamientos oficiales por la península, y en sus vacaciones en San Sebastián o en el Pazo de Meirás. Es más, la reliquia siempre ocupó un lugar de honor en su habitación.

Su fervor por la mano motivo que, cuando cayó enfermo en 1975, se negase a ser trasladado al hospital, y ordenó convertir su habitación de El Pardo en una unidad de cuidados intensivos. Tras la muerte de Franco, la mano de Santa Teresa fue devuelta a la congregación religiosa, y actualmente se encuentra en el convento de la Merced de la ciudad de Ronda, Málaga.

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