martes, 15 de septiembre de 2015

"Flipped Classroom" o cómo poner el aula patas arriba y no morir en el intento

"Dale la vuelta a tu clase", el libro de cabecera
para la flipped classroom, escrito por sus impulsores.
13:00 de la tarde, un colegio cualquiera. Veinticinco alumnos en silencio, bolígrafo en mano. Algunas caras de interés, otras de hastío. Muchas de ellas, simplemente, con gesto impasible, como el que ve una película de sobremesa en el sofá. Sólo una persona activa, que se afana en hacer llegar un contenido a unas mentes por los que hay que reptar y encontrar recovecos. Es el profesor.

Esta es la realidad de muchas de las aulas de nuestros colegios. ¿Cómo puede un profesor darle la vuelta a esa realidad? La mayoría de los buenos profesores ya lo hacen: intercalan teoría y práctica, fomentan la participación, no dan, literalmente, ni un segundo de respiro a sus alumnos. Un método que recoge muchas de estas buenas prácticas, y que las combina con las nuevas tecnologías (tan presentes en el día a día de nuestros alumnos) es el llamado flipped classroom, o "clase al revés".

Vuelve patas arriba tu aula


Flipped classroom nació en una pequeña escuela de Colorado, EEUU, mediante dos profesores de ciencias, Jonathan Bergmann y Aaron Sams. Hoy miles de docentes han adaptado o se han interesado por este método. La metodología de la clase al revés forma parte de un movimiento general de la educación actual en el que el foco de atención del aula se centra en el alumno y no en el profesor: el aula gira en torno a los estudiantes y la educación se personaliza hacia ellos.


Con la flipped classroom, lo que antes tradicionalmente se hacía en clase (dar/recibir explicación teórica) se hace ahora en casa, y lo que antes se hacía en casa (actividades, tareas, investigación, etc.), ahora se hace en el aula. ¿Cómo conseguirlo? "Librándonos" de lo que a veces consume más tiempo y lo que estandariza más una clase: la explicación teórica unilateral, esa que un sólo profesor expone como un conferenciante a un grupo de alumnos que sólo deben escuchar o tomar apuntes. De eso se libra a través de una de las herramientas más poderosas para la educación a día de hoy, y que nuestros alumnos utilizan a diario: YouTube o el vídeo online. La clase al revés utiliza ráfagas cortas de vídeo que son percibidas por los alumnos de hoy, que prefieren obtener la información utilizando herramientas que reflejen su época.


¿En la flipped classroom se relega al profesor a un segundo plano? Para nada. Los educadores siguen siendo cruciales. Pero en la actualidad lo que más necesitan los estudiantes de ellos no es "contenido", sino motivación, respeto, empatía y ayuda para descubrir y desarrollar sus propias pasiones personales. Y lo que los alumnos de hoy no quieren ni necesitan de sus profesores es que les den conferencias en el aula.

Poner en pausa a tu profesor


La clase al revés habla el mismo idioma de los alumnos, quienes han crecido con acceso a internet, YouTube, blogs, foros y redes sociales. En la flipped classroom el profesor pone a disposición de sus alumnos una serie de contenido online (lo más recurrente, vídeos) para que estos ya lleguen al aula con la lección vista. A través de estos vídeos, una vez que la clase da la vuelta, cualquier alumno puede iniciar, detener o poner en pausa a sus profesores. Y, así, los estudiantes ya no tendrán que seguir siempre el ritmo del docente, sino que podrán ir a su propio ritmo.


El hecho de sentar a todos los estudiantes en filas muy ordenadas y obligarles a escuchar a su profesor habla con gran elocuencia sobre su área de especialidad no siempre es un medio efectivo para comunicarse con ellos. Casi siempre vamos muy rápido para algunos alumnos y muy despacio para otros. Ya basta de tomar apuntes frenéticamente con la esperanza de entenderlos después. Por el contrario, los estudiantes pueden "poner en pausa" y "rebobinar" a su profesor, y asegurarse de entender, de verdad, los conceptos importantes del tema expuesto.


Hasta los mejores educadores y oradores tienen estudiantes que se retrasan en este aprendizaje porque no entienden o no aprenden todo lo que se les pide: cuando damos la vuelta a la clase, les entregamos el control remoto: dar a los alumnos el poder de poner en pausa a su profesor como idea revolucionaria.

¿Y qué ocurre en el aula?


La gran revolución llega, entonces, en el aula. Como el papel del profesor cambia, de presentador de contenidos a asesor en el aprendizaje, el profesor pasa casi todo nuestro tiempo trabajando junto a los estudiantes. En vez de ponernos de pie frente a la clase para transmitir información y ser el centro de atención, dedicamos nuestro tiempo a hacer algo más importante: ayudar a los alumnos, dirigir grupos pequeños y trabajar con aquellos a quienes les cuesta más trabajo aprender. Esto cambia por completo la dinámica de clase: para el alumno, el tiempo de clase será una experiencia de aprendizaje, y no un ir y venir de datos.


El tiempo libre de la clase al revés puede ser usado para debatir acontecimientos de actualidad relacionados con el vídeo educativo mostrado la tarde anterior en clase, profundizar en el análisis de los documentos originales con los que se ha elaborado el vídeo, debatir, hacer discursos, exponer lo que se está aprendiendo de forma más profunda y sin preocuparse de que el timbre de la campana interrumpa una buena conversación. Hay mucho tiempo para escribir, escribir y escribir, e incluso para analizar y debatir los escritos de los demás mediante una revisión realizada por iguales.

Un cambio de modelo


La flipped classroom no es, ni mucho menos, el modelo perfecto. Pero sí al menos pone en relieve la gran necesidad de desprenderse del modelo tradicional de educación y acercarse a la educación personalizada y al trabajo por proyectos, que tanto imponen a los profesores desde arriba.

El modelo tradicional de la educación es un reflejo de la época en que se diseñó: la Revolución industrial. Los estudiantes son educados en una especie de línea de producción para hacer eficiente su estandarizada educación. Se les pide que se sienten en filas muy ordenadas, que escuchen lo que un experto expone sobre un tema y que recuerden una información aprendida cuando se enfrentan a un examen. En este modelo, los alumnos sólo tienen que "sentarse y recibir". Con la clase al revés, el aula se convierte en un laboratorio de aprendizaje, donde el eje del aula gira en torno a lo que los alumnos aprenden, donde el conocimiento se pone en práctica y no sólo se transmite.


Mientras en un aula tradicional quien más trabaja es el profesor, y los alumnos escuchan pasivamente, en una clase al revés los alumnos se ocuparán activamente de diversas tareas: juegos educativos, deberes, debatir, evaluar su aprendizaje, llevar a cabo actividades prácticas o trabajar en grupos. Realmente este sistema no es nada nuevo: así era la educación socrática y el método de enseñanza en las academias de la Antigua Grecia. Desafortunadamente, en algún punto de la historia se adaptó la exposición de la clase como pilar central de la pedagogía educativa.



Fuente:

Bergmann, J., Sams, A. (2014). Dale la vuelta a tu clase. Ediciones SM: Biblioteca innovación educativa.

Enlaces para saber más:

3 comentarios:

  1. Estupendo artículo. Hace un tiempo que me planteo lo de "darle la vuelta a la clase" y ver ejemplos como el tuyo resulta muy motivador. ¡Gracias por compartir tu experiencia!

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  2. Soy docente en formación, ver la puesta en practica de este tipo de modelos en sus vídeos y poder acceder a información tan completa como esta me hace tener una perspectiva mas positiva hacia la tarea docente y al cambio educativo que necesitamos en nuestros países.
    Muchas gracias por compartir su trabajo.

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  3. Soy docente en formación, ver la puesta en practica de este modelo y tener acceso este tipo de información me hace tener una visión mas positiva hacia el quehacer docente y al cambio en educación que necesitan nuestros países.

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