martes, 22 de marzo de 2016

¿Deberes sí o no? La solución pasa por revolucionarlos

Yo fui hijo de la LOGSE, allá por los noventaitantos, y no recuerdo tarde en la que los deberes no me dejasen salir a jugar a la placita, intercambiar cromos, ver el Chavo del 8 o comenzar a dar mis pinitos con la informática. Y yo no era un niño que descuidase sus estudios. Hoy, como profesor, me encuentro con un panorama en que padres y madres denuncian que eso que los estudiantes podíamos hacer hace veinte años ya no existe. Las tardes en la placita o sobre una moqueta rodeada de juguetes –dicen– se han esfumado. En su lugar –denuncian– nos encontramos hoy en día con niños que abordan un trabajo sobredimensionado, con tardes a contrarreloj entre deberes y fútbol y piano y trombón y judo. ¿Dónde está el problema? Creo que son varios, y aquí van:

Niños que son pequeños adultos estrenados


Tazos: los niños de los noventa
lo entenderán.
Creo que, como niño de los noventa, no había mucha exigencia sobre nosotros. Jamás oí a mis padres preocuparse sobre mi futuro como los padres de hoy en día. Cierto es lo siguiente: el futuro de nosotros no era algo tan incierto como lo es ahora. Si no hubiese querido estudiar, un (feliz) puesto de trabajo me hubiese esperado con los brazos abiertos: o peón de albañil o electricista o fontanero. Y si elegía este futuro, el dinero me esperaba incluso mucho antes que a quienes optaban por estudios superiores. Sobre mi jamás pesó la exigencia de hoy en día. Había en nuestra generación un optimismo inocente en torno al futuro: hagamos lo que hagamos, habría prosperidad.

No existía, hace veinte años, la presión que desde el sistema y desde casa se le exige ahora a los niños. Por ejemplo, nosotros, hijos de aquella generación pre-digital, apenas hablábamos inglés más allá de lo poco que aprendíamos en el colegio. Hoy los niños deben presentarse a los exámenes de Cambridge de inglés en Primaria, salir con un B1 mínimo del Instituto y comenzar su andadura en otro idioma de manera extraescolar.


El futuro incierto y la competitividad hacen que desde el sistema educativo y desde casa nos encontremos con una exigencia cada vez mayor sobre el peso de unos niños que probablemente no puedan enfrentarse a ello. Y ello hace que desde el colegio se le exija un currículo educativo que en la mayoría de las ocasiones pretende que el niño complete ingentes cantidades de actividades en casa con el objetivo de que llegue al nivel exigido.

Una escuela y unos deberes del siglo XIX


Uno de los principales problemas de la escuela hoy en día es que se basa en un concepto escolar que nació en el siglo XIX y que apenas ha cambiado. Es la escuela industrial, basada en producir personas competentes en un ámbito laboral en que no se primaba la creatividad sino la sumisión a los dogmas impuestos por los profesores. Esa educación está caduca y prueba de ello es que hoy en día no nos sirve, pues nos encontramos a la cola de nivel educativo europeo año tras año (temidos informes PISA).


En esa escuela se repetía un esquema que hoy en día sigue siendo la base operativa de muchos profesores: explicación teórica y unidireccional en clase, actividades prácticas (deberes) en casa. De ese esquema es muy difícil sacarlos, porque no se ven capaces de abordar un cambio de metodología. Y como no hay cambio de metodología a la vista en estos profesores, los deberes seguirán siendo una de las bases primordiales en el aprendizaje del alumno, cuando hoy en día hay centenares de profesores probando nuevas metodología de aprendizaje que hacen inservibles esa cantidad de deberes exigidos a nuestros alumnos.

César Bona, uno de los más reconocidos docentes de España,
apuesta por aplicar nuevas metodologías en el aula. 

Problemas estructurales: pocos recursos y demasiados niños


Pero, ¿cómo abordar un cambio metodológico sin los recursos suficientes? Es imposible, o exige al profesor un esfuerzo de tiempo y de preparación que no será remunerado por el sistema. Eso es, creo, intolerable. Si le exigimos a la educación un cambio urgente, hay que premiar a los profesores que lo están llevando a cabo.

Porque ese cambio urgente es imposible con los recursos actuales, cada vez más escasos, y con el ratio de alumnos actual. Un aula masificada nos ata de pies y manos, porque nos hace imposible personificar la educación y aplicar metodologías activas con seguridad. Además, la falta de recursos y la una gran cantidad de alumnos conlleva a que muchos profesores se den cuenta de la dificultad de que los alumnos aprendan en clase, por lo que fomenta el hecho de mandar más deberes.


¿Deberes sí o no? La solución pasa por revolucionarlos 


Por último, tengo que afirmar que yo sí soy partidario de los deberes, siempre y cuando sean, primero, razonables al nivel educativo y que sean atractivos para los alumnos. Soy profesor de Secundaria, un nivel en el que sin un trabajo diario del alumno resulta muy complicado el afianzar los contenidos. Como no soy maestro de primaria, no puedo opinar sobre la conveniencia de los deberes en esta etapa educativa. En todo caso, tanto en Primaria como en Secundaria, no soy partidario de erradicar los deberes, como he escuchado a algunos padres, sino de racionalizarlos. Creo que en Primaria el objetivo fundamental de los deberes debe ser el repaso, acostumbrarlos al estudio en casa, por lo que no debe llevar a los alumnos, dependiendo de su nivel educativo, más de una hora en conjunto, sumando 15 minutos –tal y como proponen expertos educativos– desde el primer curso de Primaria. En Secundaria sí son necesarios: afianzan contenidos, prepara a los alumnos para la evaluación y, también, para estudios superiores como el Bachillerato.

Pero, aún así, no me gustan los deberes que suelen incluirse en el libro de texto. Suelen ser aburridos, repetitivos y monótonos. Si planteamos los deberes de forma creativa, podemos conseguir que nuestros alumnos los comiencen con otra actitud.


En clase suelo dejar siempre tiempo a mis alumnos para que realicen actividades; esas que otros profesores mandan para casa. Con ello además me convierto, de pronto, en su profesor particular, pues puedo ayudarles con ellos. Los deberes que sí suelo mandar para casa son aquellos que no pueden realizar en clase: búsqueda de información en Internet, por ejemplo, visionado de un vídeo, escritura de una redacción o actividades que requieren un gran nivel de concentración individual, como un esquema, resumen o actividades de repaso de un tema.

¿Deberes? ¿Por qué no darles la vuelta?


En uno de mis cursos aplico una metodología que se basa precisamente en darle la vuelta a los deberes y a la explicación teórica: la "clase invertida" o "flipped classroom" (puedes leer sobre ella y mi experiencia en el siguiente artículo). Es un buen ejemplo de cómo podemos darle la vuelta a lo que tradicionalmente hemos considerado como deberes para casa: ahora podemos hacerla en clase, con la ayuda del profesor, y lo que en casa hacemos es adquirir los conocimientos mediante recursos ofrecidos por el docente. En mi caso, hago uso de vídeos de YouTube, pero puede ser también con otro tipo de recursos. La única tarea que tienen los alumnos del grupo en el que aplico esta metodología es muy sencilla: el visionado de 15 minutos de vídeo a la semana, teniendo que tomar apuntes del vídeo.

La clase invertida transforma lo que en clase se realiza, con una metodología basada en la actividad y la cooperación, centrándonos en actividades prácticas –lo que hasta ahora han sido los deberes– y lo que en casa el alumno realiza es un ejercicio de estudio autónomo, en el cual se basan los estudios superiores que luego tendrá que abordar. Creo que es una metodología con muchas posibilidades en Secundaria y también a aplicar, aunque quizá de forma puntual, en Primaria.

Nuevas metodologías, como la "Flipped classroom", cambian
el trabajo que el alumno realiza en casa (imagen El Mundo).

En conclusión, creo que el problema al que se enfrentan miles de padres cada tarde es real; existe un grave problema de conciliación entre profesores, padres, niños y deberes que el sistema educativo debe abordar; pero todos debemos ser conscientes de la raíz de ese problema: una mayor exigencia, unas metodología atrasadas y una falta de recursos. La solución pasa por transformar los deberes: darle un nuevo enfoque, despertar su curiosidad a través de búsquedas en Internet o en libros, planteárselos de forma creativa. Muchas veces los profesores nos esforzamos por mostrar creatividad en nuestras aulas pero pecamos en mandar la tarea de siempre. ¿Por qué no revolucionamos los deberes?

2 comentarios:

  1. Soy maestro de E.P. y en mi opinión los deberes en la etapa de Educación Primaria, contribuyen en gran medida al fracaso escolar. Gestionamos mal el tiempo, las leyes educativas bombardean con contenidos innecesarios que quitan tiempo a los maestros para hacer bien su trabajo, y es inútil luchar contra la conciliación de la vida laboral y familiar. Es un debate amplio...

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  2. Lo que realmente aburre es el debate. Las familias adineradas envían a sus hijos a Colegios privados donde no existe el debate. La escuela pública es un engaño para que las familias humildes y su descendencia no levanten cabeza. Yo aborrecía la privada porque es dictatorial y represiva pero sé que la pública exige autodisciplin.

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